Hay cosas en la política que uno, por más que lo intente, no logra entender. Entre ayer y hoy, Zapatero, Almunia y Ordóñez han dado dos visiones muy diferentes sobre la denominada "reforma laboral".
Desde luego que los trabajadores tenemos muy claro que tras las palabras "reforma laboral" se esconde sino el despido libre, sí algo que se le acerque mucho.
Los liberales entienden que la mejor manera de producir empleo es permitir que el empresario prescinda de quien no necesite de forma gratuita, es decir, que tras, por poner un número, 10 años en una empresa, te vas a la calle sin ver un duro. Yo no soy licenciado en económicas y es probable que los defensores de esta teoría me den mil razones para apostar por el despido libre, pero yo veo que el currito se va a la calle sin indemnización tras haberse dejado, en la mayor parte de los casos, los cuernos por su empresa.
Así las cosas, el presidente del Gobierno se postula como el firme defensor del Estado del Bienestar, ese en el que se supone que los derechos laborales (a favor del trabajador) son fundamentales y que trata de evitar la regresión al trabajo exclavista de la revolución industrial.
Sin embargo, tanto Almunia (desde su puesto europeo) como Ordónez (desde el Banco de España), abogan por una reforma urgente del mercado laboral, algo que choca frontalmente con los deseos de Zapatero. Ayer, Ordóñez pedía como mínimo abaratar el despido y Almunia también aboga por una reforma que tienda a la flexibilización y, por si fuera poco, la CEOE ya anuncia que o hay rebaja del despido o no habrá acuerdo con las fuerzas sindicales que, como siempre, están a verlas venir.
Parece que la primavera se presenta calentita.
Mañana, desgraciadamente, más.
P.D. Los despidos del día son para Pionner. El fabricante japonés de electrónica prescinde de 10.000 trabajadores.
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